SOMBRA
La mujer estaba sorprendida. Era la primera vez que su pequeño hijo le pedía que no dejase la luz del pasillo encendida. Hasta entonces, había tenido que dejarla encendida, dejando la puerta ligeramente abierta, ya que al pequeño le asustaba la oscuridad. El pequeño insistía en apagarla. Ya soy mayor mamá y soy valiente, alegaba.
Se sintió orgullosa de su pequeño mientras salía de su habitación. No le extrañó que el niño, casi le ordenase que dejase la puerta entreabierta.
La mujer apagó la luz, y dejo una pequeña abertura en la puerta, dejando a su pequeño envuelto en las sabanas de su cama, se dirigió a su dormitorio, donde su marido la esperaba absorto en las páginas de un libro.
Sin ningún pudor, la mujer se despojó de su bata, dejando su cuerpo expuesto a la mirada de cualquier espectador que se hallase en la habitación, excepto la de su marido, que no apartó los ojos de la narración del libro.
Vistió su desnudez con un sencillo camisón y con el mismo ritual de cada noche, se acostó al lado de su marido, deposito en la mejilla de él, un sencillo beso y se acomodó en el cálido interior de la cama. Como cada noche, él seguiría inmerso en la lectura durante 10 minutos más, antes de apagar la luz y acomodarse a su lado con un simple buenas noches.
Por fin la oscuridad reinaba en la casa. Había luchado mucho para llegar a su refugio. Lo había pasado francamente mal y había tenido que escenificar su papel sin que sospechasen. Su último alimento no fue muy abundante y tenía gran necesidad de más energía. Necesitaba un refugió más adecuado, el cual tomaría esa noche misma, siempre al amparo de la oscuridad.
Se asomó tomando todas las precauciones. No había luz procedente de la luna, que estaba en fase de luna nueva. Era por tanto la noche ideal. La oscuridad, la necesaria oscuridad, era casi absoluta.
La oscuridad le hacía fuerte. Él mismo era oscuridad. De ahí que no pudiese resistir ningún tipo de luz. Esta le hería. Le dañaba. Le mataba. Luchó mucho para encontrar el refugio del cual ahora empezaba a salir. Miró a su alrededor, una vez fuera. La habitación, la cama, el estúpido niño, con su patético e inútil cuerpecito. Y todo un mundo de oscuridad que recorrer. Energía que reponer. Planes para expandirse. Cuando fuese lo suficientemente fuerte, aniquilaría ese mundo de luz. Hay muchos refugios disponibles donde subsistir cómodamente.
La abertura de la puerta era suficiente. Se desplazó recorriendo el pasillo, la habitación de la mujer estaba cerca. Desde que trasladaron el pequeño a otra habitación, dormían dejando la puerta sin cerrar.
La masa oscura observó los dos cuerpos. Con ellos tendría alimento suficiente. Se decidió por la mujer. Como odiaba a aquella irritante criatura, que trataba, sin saberlo siquiera, de acabar con su existencia. No hay que entretenerse, la oscuridad no es eterna. Alimentarse es lo primero.
Se extendió por encima del cuerpo de la mujer, introduciéndose entre las ropas de la cama, la cubrió por completo en un manto de pastosa oscuridad, de asfixiante y aceitosa oscuridad. Succionó energía del cuerpo de la mujer. Ella despertó y reaccionó, pero ya era tarde. La tenia inmovilizada y pronto ella estaría demasiado débil.
Ella abrió los ojos, no pudo ver nada. Absolutamente nada. Sentía que le faltaba el aire y que las fuerzas la abandonaban, trató de moverse pero algo se lo impedía. Trató de gritar, pero de su garganta no salió ningún sonido. Su vida se iba, se apagaba como una vela sin aire, sus fuerzas la abandonaban. Sintió que algo penetraba en su cuerpo, que se filtraba por sus poros, y que se bebía su vida.
Oscuridad estaba ebrio de vida, y se sentía con fuerzas de tomar aquel cuerpo, de hacerlo suyo, de que sirviese a sus propósitos.
Tal vez fue algo que le molestó, tal vez algún sueño, o tal vez casualidad. El hombre despertó con la sensación de que algo no iba bien y encendió la luz.
El dolor se hizo insoportable. Se vio obligado a soltar la presa, busco refugios, huyó buscando las sombras, y aduras penas, logró salir de aquel infierno y retornar, furioso al que había sido su improvisado hogar.
La mujer despertó, tragó una gran bocanada de delicioso aire, su corazón bombeó con furia. Apenas pudo responder a las preguntas de su preocupado marido, que se alarmó al verla débil y pálida. Ella solo le pidió que la dejara reponerse. Se sentía muy débil y solo quería dormir. No quería recordar esa ahogante sensación y no se sentía con fuerzas para explicarse.
Solo ha sido una pesadilla.
El hombre salió de la habitación y fue a ver como estaba el niño.
Encendió la luz de la habitación del pequeño
Le encontró sentado en la cama, mirando hacia la ventana. Se hizo sombra con las manos, como si la luz le molestase. Giró su cabeza. El padre se alarmó al ver, en el rostro de su hijo, un gesto de ira y rabia.
Papá, ¿quieres apagar la puta luz?








TERESA santomil gonzalez dijo
No siempre puedo entrar en los blogs y leer las buenas cosas
de los amigos... hoy el 404 me dejo entrar y otro par de cosas
me aborto, esto es el toma y daca de la coctelera y su esmerado
servicio.
Precioso escrito, un abrazo
21 Octubre 2011 | 04:03 PM